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REFLEXIONES

SANTA CRUZ EN ESTOS 70 AÑOS

Por: P. José E. Ahumada CSC.

Dos ejes han marcado la historia de Santa Cruz en estos 70 años en Chile.  Una Congregación religiosa que como diríamos en buen chileno “no ha tenido miedo de andar debajo de la pata de los caballos”.  Hemos tenido coraje y sacrificio, y por otra parte una congregación que ha estado atenta a los signos de los tiempos que Dios mismo nos envía.  Santa Cruz  en Chile es una congregación que ha sido sujeto en los grandes acontecimientos que marcaron la Iglesia y Chile en la segunda mitad del siglo XX, y su presencia ha sido una fuerza que ha llevado a muchos alejados de la Iglesia a un reencuentro con Cristo y su evangelio.

Nuestra labor comenzó en el colegio Saint George, pero muy pronto los religiosos de la Congregación fueron a servir a las parroquias, y capillas en sectores marginales.  El esfuerzo de sacerdotes que después de un arduo trabajo en los colegios,  supieron entregar sus talentos y energía en acompañar a miles de familias que emigrando del campo a la ciudad, buscaban un lugar digno donde vivir. Este vínculo entre dos realidades sociales muy diferentes fue fundamental en el desarrollo de Santa Cruz en Chile.  Los alumnos del colegio y sus familias, comenzaron a vincularse con una realidad desconocida y lejana,  pero donde muy pronto aprendieron a quererlos y apoyarlos. Por otra parte estas familias obreras, en su mayoría familias jóvenes, vieron que la Iglesia les ofrecía la posibilidad de participación, fortalecer sus organizaciones, formar líderes cristianos que posteriormente serían los protagonistas en sus poblaciones.  Santa Cruz para ellos fue la comunidad que los invitaba a ponerse de pie, y sin temor, anunciar a un Cristo vivo en medio de los marginados.

En toda esta labor, la piedra fundamental siempre fue Jesucristo y su Iglesia. Santa Cruz refleja una espiritualidad que invita a una Fe cristiana encarnada en la realidad y vivida en comunidad. Los religiosos de Santa Cruz entendían su misión como anunciar a Cristo presente en medio de su pueblo,  y en medio del dolor,  ser sembradores de esperanza.  La Cruz, signo de dolor y de muerte, se transformaba gracias al compromiso de los hermanos y sacerdotes, en una maravillosa fuerza de unión y servicio.  La figura de San José, acompañando a María y enseñando a Jesús su oficio, la imagen del Sagrado Corazón donde lo afectivo era más importante que el rigor o el cumplimiento de normas,  y la imagen de María como nuestra Señora de los Dolores, escuchando, protegiendo, acompañando, y finalmente entregando a su propio hijo al Padre, han fortalecido este camino propio en el seguimiento de Jesucristo.            

Ser parte de Santa Cruz, significa aceptar una comunidad exigente, crítica, servidora, y comunitaria. En estos 70 años, la fuerza más importante de Santa Cruz es ser una comunidad religiosa que da testimonio de estar en los cruces de los acontecimientos sociales, y al mismo tiempo ser parte de hombres y mujeres que por Cristo y su evangelio han optado por dejar su tierra, sus privilegios, las oportunidades de una sociedad materialista, y querer decir “Sí” al único maestro que puede plenamente llenar nuestro corazón y nuestras vidas. Nunca hemos sido un grupo demasiado numeroso. Por el contrario creemos que lo más valioso está en la entrega de cada uno como esa pequeña semilla de mostaza o esa levadura en la masa, que casi invisible, va haciendo que sea Cristo y su Iglesia, el único que pueda cosechar de sus frutos.
           

Damos gracias a Dios por estos 70 años de Santa Cruz. Muchos han sido parte de esta misión, y sus vidas serían muy diferentes si no hubieran sido tocadas por Santa Cruz. Damos gracias sobre todo a Dios porque a este pequeño grupo de mujeres y hombres, les dio la fortaleza para saber acompañar a niños, jóvenes, familias, y ancianos en los momentos más significativos de sus propias vidas. Como decía nuestro Fundador Beato Basilio Moreau  ahora podemos repetir con San Pablo: “Ya no soy Yo, sino Cristo quien vive en mí”.


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