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P. ROMULO EDUARDO VERA MUÑOZ, CSC.

Nací en Puerto Varas, una ciudad muy hermosa del Sur de Chile, un 18 de octubre del año 1956. Me crié en varias ciudades pero especialmente, en Valdivia.

Ingresé en el Programa de Formación el año 1980 como postulante. Hacía un par de años que había terminado la Enseñanza Media y estaba discerniendo qué hacer con mi vida, junto con ayudar a mi padre en el trabajo de pintura de casas y realizar trabajo pastoral en la Parroquia Cristo Redentor, en ese tiempo administrada por la Congregación de Santa Cruz. Fue el P. Gerardo Whelan, csc. quien me invito y me ayudó a tomar una decisión de entrar en la  vida religiosa.

Inicié mi noviciado el 8 de febrero de 1981 y un 28 de febrero hice mis primeros votos. Profesé los votos perpetuos el 29 de abril de 1987 y me ordené sacerdote el 18 de noviembre de 1989.  Ver Más

Soy el mayor de seis hermanos, tres hombres y tres mujeres. Mis dos padres Rómulo  y Herminda están vivos. Ellos tienen 87 y 78 años respectivamente. Mis hermanos y hermanas son: Jaime, María Antonieta, Victoria, Víctor y Alejandra. Mis sobrinos y sobrinas suman siete, y entre sobrinos nietos y sobrinas nietas son nueve, eso sin contar los que se agregan por los nuevos formatos familia. Todo un familión. Viven todos en Santiago, así que puedo verlos con frecuencia y gozar de su cariño, y por qué no decirlo también de su respeto y admiración. 

 Respecto de mis estudios puedo contar que en mi infancia, debido al trabajo de mi padre que trabajó en pintura de casas y edificios, estuve en varias escuelas, incluso de diferentes ciudades. Egresé de Enseñanza Media en el Colegio Nuestra Señora de Andacollo, institución educativa en la cual hoy me desempeño como capellán. Después de pasar por algunas instituciones de formación religiosa, el año 1988 egresé de Bachiller en Ciencias Religiosas en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Entre los años 1994 y 1996 estudié en España donde obtuve una Licenciatura en Catequesis, otorgada por la Pontificia Universidad de Salamanca. En enero de este año, terminé un Diplomado en Acompañamiento Psicoespiritual, un área muy importante y de mucha ayuda para el ministerio. Fueron dos años en que participé de un programa aprendiendo el arte de acompañar personas.

Al pensar en estos 25 años de ministerio y además todos los años de formación, reconozco que son muchas las cosas y situaciones vividas. Hoy, se me vienen a la memoria mis primeras motivaciones para entrar en la vida religiosa, que estaban más orientadas hacia lo social. Esto se dio por el trabajo que realizaba la Congregación, especialmente su fuerte compromiso con la realidad de pobreza. Una vez adentro, descubrí que para servir en este aspecto, no necesitaba necesariamente ser sacerdote ya que es uno de los aspectos en la vida de un cura, irrenunciable por cierto. Tiempo después conocí  otras dimensiones de la vida religiosa que me llevaron a la decisión de hacer el noviciado y luego tomar los primeros votos. Pensando en esto, a veces creo que las motivaciones más reales o auténticas llegaron después de mi ordenación.

Como no recordar también, la oposición inicial de mis padres para que yo entrara en la vida religiosa, debido a su experiencia de lo que ellos habían conocido en el campo: el sacerdote con sandalias, con un hábito generalmente roto y sucio, además de una vida muy sola. Por eso, creo que en su rol de padres protectores, se imaginaban que yo sufriría mucho. Pero sólo fue una resistencia inicial. Siempre me he sentido muy respetado y acompañado por ellos. Además gracias a Dios, aún no dependen en nada de mí lo que me ha permitido una tremenda libertad para vivir la vida religiosa y ejercer el ministerio. Aunque hoy, me siento buscando la mejor manera de estar más cerca de ellos, debido especialmente a la enfermedad de mi padre, quien a sus 87 años está aquejado de un cáncer.

La celebración de los 25 años de mi vida sacerdotal me da la oportunidad de reconocer y agradecer todas las posibilidades que la Congregación me ha ofrecido con respecto a lo pastoral. Tuve la experiencia de ejercer el diaconado durante dos años en la Parroquia Nuestra Señora de Andacollo; fuí vicario parroquial (Parroquia San Roque); Director de pastoral durante seis años en Saint George`s College; Párroco siete años en la Parroquia Nuestra Señora de Andacollo; Director de Formación por tres años en el Distrito, y últimamente, desde el año pasado soy el Capellán del Colegio Nuestra Señora de Andacollo.

Considero un privilegio haber podido prestar servicio tanto al interior de la comunidad religiosa como también servicio a la Iglesia local. He trabajado y trabajo con personas de edades diferentes: niños, jóvenes adultos y ancianos y, como reflejo de la misión de Santa Cruz, con personas de diversos estratos sociales. Si tuviera que decir ¿cuáles de todas las experiencias que he tenido han sido las más marcantes en mi vida personal?, diría que la de ser párroco y la de trabajar en el programa de formación. Tal vez, porque me permitieron tomar mayor consciencia de mis fortalezas y debilidades. Me parece que la que la Congregación ha sido muy generosa conmigo al ofrecerme estas diferentes oportunidades que para mi implican también depositar una gran confianza.

En este momento, junto a otros religiosos y una religiosa de Santa Cruz, trabajo en el Colegio Nuestra Señor de Andacollo como capellán, un colegio ubicado en los límites de la Zona Centro de Santiago, que pertenece al Arzobispado, pero que desde el año 1976 es administrado por la Congregación. Hoy, el colegio tiene un rector laico y cuenta con alrededor de 1050 alumnos(as). Es una institución educativa con una larga tradición de educación y formación, que de alguna manera ha marcado la historia del barrio, y donde nuestra comunidad ha tenido un destacado, reconocido y apreciado papel, en la educación de tantos niños y jóvenes.

Es en medio de esta comunidad escolar, que estoy celebrando mis 25 años como sacerdote. Nuevamente, una oportunidad para agradecer al Señor, por el cariño recibido en cada uno de los lugares donde me ha tocado trabajar, por el reconocimiento del rol que se ejerce como religioso y por la confianza de la congregación. Todo esto constituye un fuerte apoyo para vivir la consagración en medio de tremendos desafíos actuales, un tiempo que se caracteriza por un ambiente cada vez mas secularizado, marcado por la desconfianza, dolor e incertidumbre frente a lo que ocurre con nuestra Iglesia, sobre todo debido a los casos de abuso.

Como síntesis de lo que ha sido mi vida religiosa y sacerdotal puedo decir que me siento muy identificado con el pasaje bíblico que relata el encuentro de Jesús con la samaritana. Tengo la experiencia de un Dios misericordioso en mi vida. Jesús que acoge, que no te rechaza, ni justifica tus errores ni pecados, sino que simplemente te ama, y te ofrece una nueva orientación en tu vida, en que Él pasa a ser el centro, cada vez más presente en tus decisiones, en tu ministerio, que hace que te encuentres así en un proceso creciente de una vida plena e integral, aunque también por supuesto, con momentos de dispersión, inconsecuencias, falta de sentido, desmotivación y frustraciones, pero al fin de cuenta, feliz con lo que Dios me ha llamado a ser.

 
Vocaciones

Ven y sígueme” dijo Jesús a algunos de sus primeros discípulos. Un llamado que exige a la vez una apertura hacia Dios y hacia los seres humanos. Para responder, la fe es la clave. Se trata también de todo un proceso, es decir que hay una etapa de inicio, de crecimiento, de madurez en varios niveles que hay que cumplir como persona. Por la imposición de las manos de  Monseñor Pedro Ossandón, fui ordenado diácono.  No se trata de un privilegio para mí, tampoco es un paso jerárquico, sino es un reforzamiento y una motivación de mi entrega a Dios al servicio de su pueblo y de la humanidad.  

En la Iglesia naciente o Iglesia primitiva el servicio ha sido siempre un elemento fundamental para la comunidad y sus miembros. En el evangelio de Mateo, podemos ver como Jesús nos llama la atención sobre el servicio: “No he venido para ser servido, sino para servir”. Esta actitud de Jesús subraya de manera general lo que es la misión de la iglesia. Una Iglesia que peregrina en la tierra, que sirve y que busca el bienestar integral del hombre de hoy según la voluntad de Dios. Así el ministerio de diaconado encuentra su esencia, sobre todo, en el plan de salvación que Dios nos ofrece en la persona de Jesucristo nuestro salvador.

Mi ministerio de diaconado, como todas experiencias humanas, me permite  encontrarme con una de mis profundas motivaciones a seguir los pasos de Jesús a través de la vida religiosa en Santa Cruz. SERVIR, para mí es un medio de la evangelización, de encuentro con Dios y de la realización de mí mismo. He tenido la oportunidad durante toda mi formación desde el año de 2004 hasta el día de hoy de tener en cuenta el servicio y los rasgos  fundamentales de un religioso de Santa Cruz según el deseo de nuestro fundador Basilio Moreau.

Me gustaría terminar este breve testimonio con unas palabras de agradecimiento a Dios. “Me postraré hacia tu santo templo, y daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu verdad; porque has acrecentado tu palabra conforme a todo tu nombre. Salmo 138, 2. Con estas palabras del salmista, quiero expresar mi gratitud a Dios por todo lo que ha hecho en mí y a través de mí. Gracias, Padre Santo, por tu misericordia, tu amor infinito, tu bondad y tu fidelidad hacia mí. Gracias por acompañarme en toda mi vida. Gracias por ayudarme a contestarte de manera positiva entre la duda y la certeza, entre la tristeza y la alegría, entre el miedo y la firmeza. Que mi vida y mi ministerio sean para ti una acción de gracias y una alabanza sin fin.”

Como dice San Ireneo “La gloria de Dios es el hombre de pie, el hombre en toda su plenitud.” Así que les invito a buscar su plena realización como persona haciendo la voluntad de Dios y sirviendo a los demás.  

Jacquy Dagobert, CSC

 
Ordenación Diaconal nuestro hermano Jacquy Dagobert, C.S.C.   Leer más   Nuevo Integrante en Nuestra Comunidad
Leonardo Vivanco inició su proceso de formación el pasado 1 de marzo. Leer más

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Vocación Profunda por la Misión. 
   
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RENOVACIÓN DE VOTOS RELIGIOSOS

Con una Eucaristía presidida por el Superior del Distrito de Chile de la Congregación de Santa Cruz, Padre Michael DeLaney CSC, celebrada en nuestra capilla de la Casa de Formación, se desarrolló la ceremonia de renovación de votos religiosos de  Jacquy Dagobert CSC, Icemick Jean-Baptiste CSC, Mikely Jean Simon CSC, seminaristas de Haití.     Ver Más

En la misa,  el Padre DeLaney, señaló que esta renovación es un bonito signo,  que da esperanza en medio de la tensión del mundo entero por la crisis que vive Siria, haciendo eco del llamado hecho por su Santidad, el Papa Francisco.

Los seminaristas de Haití  con este signo de compromiso reconocen el llamado del Señor  para hacer que Dios sea conocido, amado y servido, tal como nos enseñara nuestro Fundador, Beato Basilio Moreau


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